No importa.

Si al contestar mi mensaje hubiera sido sólo el de saludarme y separando esas cosas… o mejor aún no mencionado aquellas que por cortos días nos unieron, no habría propuesto la invitación, pero tenia la certeza que aceptarías.

Mañana no sé qué sucederá, es incierto, pero no importa, no deseo conquistar lo que en su momento ya conquisté, no es mi deseo provocar que pienses en mí cuando ya sé que lo has hecho en estos días, no pretendo dar a desear mis labios a los tuyos cuando entiendo la sed que tienen de los míos; no es difícil comprender de tu parte lo que de igual manera yo asimilo y siento.

Mañana no sé qué sucederá, es incierto, y no importa, conozco ya tu voz al pronunciar mi nombre y esa bella sonrisa que tienes en todo momento, aún cuando algo no te agrada por completo; he tocado tus manos y sé que son perfectas en las mías, que mi derecha sujeta bien de tu izquierda cuando manejo y, que de un alto puedo hacerte vibrar con un sorpresivo beso a tus labios.

Mañana no sé qué sucederá, pero en verdad no importa, porque sé de tu mirada, de la temática que desarrollas al mirar antes de hablar, y de aquel estado etéreo de tus ojos cuando estoy próximo a besarte.

Realmente no importa que sucederá mañana, lo incierto puede darse, lo cierto es lo que existe en este momento, aquello que ya viví y conozco de Ti.

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Del Amor al Odio.

Del odio al amor hay un solo paso, como también del amor al odio, y a ese paso se le debería llamar decisión; la verdad es que aún no quiero decidirlo.

¿Amamos a esa persona o a las costumbres que deja?, soy indeciso.

Recuerdo aquellos momentos en donde se entrelazaban esos dos sentimientos en mi, te amaba y te odiaba al mismo tiempo cuando me besabas rápido.

A veces te pregunto en mi mente:

¿Y si dejas que mi cuerpo te ame, mientras mi mente te sigue odiando?. Pero no, aún no he dado ese paso, no te odio, creo que nunca lo haré.

Solo recuerda que el día que pronuncie tu nombre como lo hace la demás gente, será porque he dado el paso de la decisión, pero no al odio, sino a la indiferencia.

Batallas Ganadas (guerra perdida).

Escribo a veces por sueños o pesadillas, por la simple percepción o deducción del mundo y sus vivencias, trato de describir muchas veces, no lo que me pasa sino lo que dará vida a un personaje. Hoy seré yo.

Lo mío…, definitivamente se resume en meses, meses bélicos, guerra interior de amor, pero jamás del que siento por Ti, sino del mío del que llaman amor propio.

Ese amor propio desmedido que te encierra en la soberbia, orgullo y desdén.

Algo si sabía cuando te escribí esa última carta, que ese amor hacia Ti no acabaría, pero del mío, de ese propio término por desmoronarse y tal vez reducido a lo que siempre debió ser; no puedo decir que fue tardío el desenlace de mis batallas internas, pero si creo que perdí.

A Ti, creo que te perdí desde hace tiempo, no lo sé; yo amada mía estaba en guerra conmigo mismo, probablemente no me esperaste, no lo sé, no puedo decir que fue tardío el desenlace de mis batallas porque mi amor continúa hacia Ti, eso jamás estuvo en guerra, eso lo he mantenido siempre desde que te conocí; no es tardío porque aún me queda toda la vida para amarte, porque no me he despedido de Ti, porque jamás alguien ocupó ese lugar tuyo, pero sobre todo, porque diario te decía que te amaba en mi interior y me encomendaba a ese amor para seguir en mi lucha contra mi amor propio; me atrevo a decir que ese amor propio iba disminuyendo en mis días bélicos mientras el amor hacia Ti se acrecentaba.

No es tardío, porque aún todo esto te lo escribo con ese mismo y grande amor que he mantenido, precisamente a Ti de quien por meses, días y horas describía con tu nombre mi vida.

Hablando de Amor.

Si se habla de Amor siempre me he preguntado dos cosas: ¿cuantas veces podemos amar en esta vida? y, ¿cuantas veces podemos amar y después volver a amar a la misma persona?.

De esta última, sucede tal vez como a ese apasionado lector de dramas con sus novelas románticas, siempre tiene una favorita, solo que, cuando desea leerla por segunda ocasión después de un tiempo, lo hace no recordando algunos de sus pasajes, con nueva curiosidad, la cual se pierde rápidamente porque al paso de la lectura recuerda en qué consiste y sabrá en todo momento en que acabará.

(el libro no cambia en su contenido, mucho menos en su final).